Lunes, 30 de Noviembre de 2020

Estos son los 5 “pecados” que podrían haber desencadenado la tragedia ambiental en Casanare, según estudio del IGAC

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Los estudios de suelos y

coberturas vegetales del

Instituto Geográfico Agustín

Codazzi (IGAC) aseguran que

la fuerte sequía en Paz de

Ariporo podría estar

relacionada con la excesiva

ganadería, la limitada

capacidad productiva de los

suelos, los cultivos agrícolas

y el pastoreo en zonas en el

páramo, el régimen de

precipitación de la región y

la posible afectación de

acuíferos por la actividad

petrolera. Este es un informe

a profundidad elaborado por

el IGAC, autoridad nacional

en estudio de suelos.

Marzo 31 de 2014. Desde

hace una semana el

departamento del Casanare

está en el “ojo del huracán” por

la tragedia ambiental que sufre

el municipio de Paz de Ariporo

por el fuerte verano, que ha

cobrado la vida de más de 20 mil animales, entre chigüiros, tortugas, reces, babillas y

caimanes.

Ante esta situación, basado en los estudios de suelos y coberturas vegetales de la región, así

como en el estudio que actualmente se adelanta en ecosistemas de páramos y humedales de

Colombia, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) contribuye a emitir sus conceptos

técnicos para entender las causas y revela estos 5 “pecados” que podrían haber causado esta

catástrofe ambiental.

Esta hecatombe estaría relacionada con: impactos en los páramos de alta montaña, donde

nacen los ríos que surten al Casanare; la ganadería intensiva que compacta los suelos y

obstruye la capacidad de infiltración de aguas lluvias y escorrentía; la baja capacidad de

retención de humedad por la textura arenosa; la limitada capacidad productiva de los suelos; y

el uso de aguas subterráneas de las petroleras, que agravan la situación ante los impactos del

cambio climático.

Es hora de planificar el país de manera integral y regional, no municipal, para que no se sigan

presentando estas tragedias irreversibles. Hoy fue Paz de Ariporo, mañana podría ser cualquier

sitio azotado por lluvias o sequías. Debemos caracterizar los suelos de Colombia, identificar

sus limitantes, regular su uso y conservación, potencializar la investigación científica entorno al

uso eficiente de los recursos, ejercer un mayor control frente al manejo de concesiones de

agua y determinar las zonas de recarga de acuíferos en cada región”, apuntó Juan Antonio

Nieto Escalante, director general del IGAC.

Paz de Ariporo cuenta con una extensión de 1.213.993 hectáreas, que equivale al 1,06 por

ciento del territorio colombiano, lo que lo convierte en un municipio más grande que

departamentos como Atlántico, Quindío, Sucre y Risaralda.

Pecado 1: En el Cocuy reinan los cultivos

La afectación de los páramos sería la primera causa. Los ríos y cuerpos de agua de Paz de

Ariporo, y en general los del departamento del Casanare, se alimentan o nacen en la cordillera

oriental, principalmente en el páramo del Cocuy.

Según el levantamiento semidetallado de suelos en áreas de páramo que adelanta actualmente

el IGAC en toda Colombia, se ha podido verificar cómo en algunos sectores los campesinos

está cambiando la vegetación nativa compuesta por frailejones y musgos, por cultivos de papa

y cebolla, en combinación con actividades de pastoreo de ganado. Es decir, se alteró el

equilibrio de los suelos altamente frágiles del páramo.

Al quitar la cobertura vegetal nativa de los páramos, que tienen la función de captar y retener el

agua con la que se alimentan los ríos y quebradas del país, los caudales de los cuerpos de

agua del Casanare han disminuido, razón por la cual para esta época del año más parecen un

cañón seco que un caudaloso río.

El cambio de uso en las partes altas de los Andes colombianos, especialmente en las zonas

de páramo, conlleva a que se eliminen plantas receptoras de agua en este tipo de ecosistemas,

debido a las prácticas y actividades que son de gran impacto, como la agricultura, el pastoreo y

la minería. En pocas palabras los páramos quedan al descubierto, sin ninguna cobertura

vegetal y con un escenario muy lamentable para su recuperación”, apuntó Nieto Escalante.

Este año, el IGAC realizará el levantamiento semidetallado de 4.500 hectáreas de páramos en

la vertiente occidental de la cordillera en Casanare, específicamente en los municipios de

Chámeza, La Salina, Recetor, Sácama y Támara.

Pecado 2: Ganadería en exceso

El estudio de conflicto de usos del suelo del IGAC no deja bien parado a Paz de Ariporo, ya

que indica que es el municipio más afectado en todo el departamento por la excesiva

ganadería, lo cual ha generado un intenso deterioro de sus suelos.

De las 1.213.993 hectáreas de todo el municipio, el 35,4 por ciento son suelos subtutilizados

(430.860,7 hectáreas), es decir, tierras donde la demanda es menos intensa en comparación

con capacidad productiva con la que cuentan.

Esta zona presenta un compactación “superexcesiva” por el ganado bovino, la cual produce

que los poros del suelo se cierren y no pueda filtrar el agua. Por esta razón el recurso hídrico

sigue su camino en busca de otras descargas o se evapora, y los suelos se vuelven áridos y

erosivos.

A la ganadería se suma la afectación del bosque de galería, el cual crece a las orillas de los

ríos. Los campesinos y habitantes utilizan este recurso como leña, ya que cuenta con una

buena capacidad para generar fuego.

Pecado 3: Suelos no retienen agua

Paz de Ariporo cuenta con una precipitación de 2.150 milímetros al año, una cifra que supera a

la de Bogotá, que está entre 800 y 1.000.

Sin embargo, solo se presenta una sola temporada de lluvias entre mayo y septiembre, con su

pico más alto en julio, con cerca de 300 milímetros. El resto de meses se pueden catalogar

como secos, principalmente el primer trimestre, donde la sequía hace estragos.

A pesar de ser una zona donde llueve mucho en un periodo, el problema está

en los suelos, que tienen una baja capacidad de retención de humedad.

Cuando acaba la temporada de lluvias, los suelos no son capaces de retener agua para las

fuertes temporadas de sequía, razón por la cual el terreno queda seco; las plantas si absorben

alguna parte del líquido.

Con un poco caudal bajando por los ríos, un suelo compactado por el ganado y una baja

capacidad de retención de humedad, era inevitable que Paz de Ariporo no fuera afectado por la

sequía. Es más, todos los años presenta sequía, pero por la suma de otros factores en lo

corrido del 2014 la tragedia fue monumental”, recalcó Nieto Escalante.

Pecado 4: Ojo a las petroleras

La Orinoquía colombiana es una “mina de oro” para la industria petrolera. Sin embargo, las

profundas perforaciones para obtener el oro negro pueden haber afectado un recurso del que

nadie casi habla: el agua subterránea.

Aunque no se conoce a ciencia cierta qué cantidad de agua hay bajo los suelos del Casanare,

ni de Paz de Ariporo, las actividades de exploración y explotación de hidrocarburos requieren

de un caudal permanente para su funcionamiento, lo cual genera que la capacidad de reserva

de los acuíferos que pueden abarcar varios municipios: así se ve diezmada ante las reducción

de las fuentes aportantes del preciado líquido que proviene de la cordillera oriental.

El país está en la obligación de controlar el volumen de agua que se requiere para el normal

funcionamiento de las actividades productivas, evaluando los caudales concesionados y

monitoreando el verdadero consumo que tienen nuestras cuencas, no solo del Casanare, sino

de todo el territorio nacional”, recordó el director del IGAC.

Pecado 5: Suelos poco atractivos

Los cultivos agrícolas en Casanare y Paz de Ariporo parecen un espejismo, ya que poco se

ven. La razón es la calidad de los suelos, que en su mayoría son ácidos, arenosos, con baja

fertilidad y con una capa orgánica delgada.

Además, según el estudio de suelos general del IGAC 2012, estas tierras de la Orinoquía están

clasificadas como bien drenadas, lo cual no es bueno en esta época de sequía, ya que significa

que no hay fuentes de agua cercanas.

En tan sólo el 7 por ciento de Paz de Ariporo (96.343 hectáreas), los campesinos han realizado

un aprovechamiento desmesurado de los recursos naturales para cultivos (sobreutilización).

Conclusión: ¿Cuál es el panorama del suelo del Casanare?

El departamento del Casanare cuenta con 4.438.134 hectáreas, de las cuales, según estudios

del IGAC, el 44 por ciento presenta algún conflicto de uso en sus suelos (1.952.778 hectáreas),

relacionados con la subutilización o sobreutilización.

Al igual que en Paz de Ariporo, el problema que más aqueja a los suelos del Casanare es la

subutilización de las tierras (en 32 por ciento de todo su territorio), debido a que los

campesinos y habitantes les han dado un uso poco apto relacionado con la capacidad que

ofrecen, es decir optaron por dedicarse a la cría del ganado.

Los otros municipios que más padecen este fenómeno son Hato Corozal con 252.794

hectáreas, San Luis de Palenque con 144.206 y Yopal con 112.520.

Todo lo contrario ocurre en el 12 por ciento del Casanare, en donde se sobrepasa la capacidad

natural productiva por el aprovechamiento intenso de los recursos naturales (sobreutilización

de los suelos). Los municipios más sobreutilizados en el Casanare son Paz de Ariporo,

Tauramena y Trinidad.

Las áreas para la producción agrícola, ganadera y explotación de recursos naturales suman

3.115.867 hectáreas, que corresponden al 70 por ciento del departamento.

El 48 por ciento del Casanare presenta suelos sin conflictos de uso, lo cual no es un buen

indicador, ya que en la otra mitad del departamento se ven afectados los suelos y los recursos

naturales. Se deben tomar acciones inmediatas para que el departamento haga un mejor uso

de sus tierras, sin afectar la producción”, puntualizó el director del IGAC.

 

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Última actualización Mar, 04/01/2014 - 11:04